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Corona de espinas



Lleva varios días gruñón, parece que nada le satisface de lo que hago, me temo que se encerrara en él y me dejara fuera. Debo pensar algo, sorprenderlo para que vuelva a verme.

Me pongo una chaqueta de lana y llamo a los dos perros, él sigue frente al ordenador, sonriendo... prefiero no pensar... le digo que salgo y sin tan siquiera mirarme me dice adiós.

Tengo a los dos perros correteando alrededor mío, están felices no esperaban este paseo extra, tomamos el sendero que nos va adentrando en el bosque, mi mente empieza a serenarse, lentamente adquiero la paz, me paro frente a unas zarzas, noto como los perros lamen mi mano, sonrío y regresamos a casa.

Entro con Hiperión y Febe haciendo que me tropiece, son jóvenes solo tienen 10 meses, pero son Terranova negro azabache, me los regalo hace poco para nuestro tercer aniversario. Nunca lo hubiese esperado, no le gustan los animales, pero lo hizo por mí... hace ocho meses... y ahora ¿qué pasa?

Mis dos titanes marchan hacia la cocina, van correteando por el pasillo, la casa tiembla cuando están revoltosos, vuelvo a mirar hacia el estudio ni se ha percatado que he vuelto.

Sigue tecleando como un loco y de vez en cuando oigo una voz femenina y una risa...

Con una sonrisa camino hacia el dormitorio, erguida y orgullosa...

Al cabo de una hora, mi voz sale con suavidad... “mi Dueño, necesito su ayuda por favor! Siento molestarlo pero no se que ha pasado! (de una patada estrello el jarrón de cristal), oigo como la silla golpea el mueble de atrás y viene a toda velocidad al saloncito del fondo.

Se queda totalmente parado en la puerta con cara de asombro, veo en sus ojos que le gusta lo que ve.

Estoy desnuda, postrada en el suelo esperando la llegada de mi dueño, desde un tobillo hasta mi cuello tengo todo el cuerpo rodeado por ramas de las zarzas, ha sido un trabajo doloroso mis manos están sangrando, noto como todo mi cuerpo arde de escozor por los pinchos clavados y se va escapando alguna gota de sangre.

Una corona de espinas espera en mis manos, ofrecida a él junto con la fusta. Esta quieto en el quicio de la puerta, al estar mi cabeza baja no puedo verlo con claridad, solo el deseo en sus ojos.

- “Levántate perra!” – así lo hago con la mirada baja y respetuosa, espero. Toma la fusta y mirándome me dice, cíñete la corona bien, que no pueda caer en ningún momento, sin prisa pero sin pausa, cuidadando cada uno de los movimientos llevo mis manos hasta la cabeza, coloco la corona de espinas y la aprieto bien, mi cara muestra el dolor pero no sale nada de mi boca.

Dejo caer los brazos y llega el primer azote, fuerte, picante, muy duro. Sin apenas recuperarme vienen tres más, seguidos,  empiezan a escapar gemidos y pequeños quejidos, un grito escapa al recibir un golpe justo donde hay un trozo de zarza, los pinchos se clavan mas, pero no para, sigue... ya no llevo la cuenta, mi piel arde, siento un dolor como nunca y al mismo tiempo una dicha que no sabia que existiese.

En algunas zonas sangro bastante, toma con un dedo una gota de sangre y la pasa por mis labios, luego me besa y me susurra al oído. –“ ve al estudio, limpia todo mi correo, no necesito ni quiero  nada ni a nadie más. Apaga el ordenador y ven al baño, ahora toca mimarte”.

Con mi corona de espinas voy al estudio, una sonrisa en mis labios, parpadea la luz del mensaje pendiente... no lo leo, limpio tal y como me ha dicho, apago el ordenador y vuelvo a mi paraíso...

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